Mi vocación notarial me vino de rebote.

Nací en Madrid hace varias décadas (en realidad muchas). Como quiera que la ciencia siempre me ha parecido que no es tan exacta como dicen (1) estudié bachillerato de letras lo cual me abocó a elegir entre filosofía y letras o derecho.

Como uno no es rico de familia, pensé que tendría más salidas si estudiaba derecho y eso hice, licenciándome por la Universidad Complutense  de Madrid allá por los años 70. Del siglo pasado.

Terminados los estudios decidí ponerme a ejercer la abogacía. Duré seis meses, ya que con lo gané en ese tiempo y trabajando 11 ó 12 horas al día en el despacho de un abogado consagrado, saqué lo justo para invitar a mi novia -hoy mi mujer- a un sándwich y al cine.

Tras esa experiencia, y como siempre me había llamado la atención ser juez, y como también tuve la suerte de que me pudieran mantener una temporada más en la casa paterna, decidí preparar las oposiciones a  judicatura.

Mientras las preparaba, se convocaron las de Fiscales de Distrito y mi preparador me dijo que las firmase para ir abriendo boca. Las firmé y obtuve la plaza.

Inmediatamente me casé, con gran cabreo de mi preparador ya que sostenía que al casarme iba a dejar de lado los estudios de judicatura.

Tras unos meses trabajando en una preciosa localidad del pirineo gerundense, a la que me fui pensando la cantidad de montañas que iba a escalar y a las que luego nunca subí, recalé en Albacete (calma, ya estamos llegando a mi vocación rebotada). A esta población, de la que guardo un gratísimo recuerdo, llegó un abogado fiscal ( hoy en las más altas instancias de la carrera fiscal) que preparaba opositores a judicatura.

No diré aquí su nombre por aquello de la protección de datos pero sí dejaré constancia de que fue, y es, una excelente persona, un excelente amigo y un excelente preparador. Total, que le dije que tomase él el relevo de mi preparación a las oposiciones a judicatura, a lo que me respondió que no fuera idiota y que preparase notarías. Y así es como llegué a ser lo que soy ahora (profesionalmente hablando, que supongo que es lo que aquí interesa).

Finalmente quería indicaros que el ser notario no se hereda.

Esta profesión está abierta a cualquier persona  que dedique unos años de su vida al estudio y como ejemplo –nadie de mi familia es ni ha sido notario- me pongo a mí mismo.

Gracias por llegar hasta aquí.

Espero que esta página sirva para acercar más el notariado, cuerpo al que me siento orgulloso de pertenecer, al público en general.

(1)Lo que hace cien años estaba “científicamente demostrado” ahora está “científicamente demostrado” que estaba equivocado ¡A saber qué estará “científicamente demostrado” dentro de cien años!

 

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